La Muerte NO Existe: Su experiencia tras morir y volver –

La Muerte NO Existe: Su experiencia tras morir y volver –



En este primer capítulo de nuestra serie sobre Cercanas a la , conversamos con Lucas Cervetti sobre la experiencia que vivió a los 19 años después de sufrir un infarto. Hablamos sobre qué percibió al dejar de sentir su cuerpo, la expansión de su consciencia y cómo esa experiencia transformó para siempre su forma de entender la , el y la realidad.

Te deseamos que puedas abrir tu mente, pero sobre todo tu corazón, para escuchar este . Que tu propio discernimiento te diga cuál es tu verdad.
Gracias, y que lo disfrutes.

Si esta temática te interesó, te dejamos la Crónica “ CERCANAS A LA : el fenómeno que desafía TODO lo que sabemos sobre la consciencia”

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00:00 Introducción
01:35 La experiencia cercana a la muerte de Lucas
08:18 Qué experimentó después de morir
17:26 La conciencia fuera del tiempo y del cuerpo
22:48 Volver a la vida: qué cambió para siempre

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Author: CACHETADA

50 thoughts on “La Muerte NO Existe: Su experiencia tras morir y volver –”

  1. Lo explica con coherencia. Lo que ocurre és que tuvo una experiencia y quien no lo ha experimentado en alguna ocasión lo clasifica como una hipotesis o creencia.
    Desde la Supraconciencia accedemos a nuestra identifad espiritual. Es otro mundo que tambien es nuestro.

  2. Que experiencia increíble. Yo de niño tuve experiencias trascendentales también (pero sin tomar nada 😅). Por eso me intriga todo esto. En mí caso me sentía 'fluir vertiginosamente hacia otra dimension'. No hay forma de explicarlo claramente y no tengo ni la más remota idea de lo que era. Nunca se lo conte a nadie porque me aterraba un poco (era como salir del cuerpo). Con el tiempo, sin hacer nada, lo deje de experimentar… Fin 😅

  3. Dificilísimo de explicar con palabras. Se percibe claramente que tuvo una experiencia tan profunda que ha cambiado su manera de estar. Tiene que ser fastidioso y sumamente difícil hacerse entender después de una experiencia así. Bravo por Lucas!❤

  4. La muerte.

    En un principio, al entrar en la quinta dimensión, la mente del Ego percibe el ambiente espiritual de completa Paz y un Amor indescriptible, pero aún identifica esta experiencia como nueva y lo relaciona con cosas que ha conocido en su vida física. Es por eso que algunas personas que han pasado por una experiencia cercana a la muerte, manifiestan que ven personas con apariencia humana, vestidas con ropa y ven edificios, paisajes o algunas otras cosas que le son familiares a su Ego.

    Finalmente, cuando la mente del Ego ya está completamente integrada con la mente del Alma y se reconoce como lo que realmente es, pura energía, Mente y Conciencia Espiritual, es decir se reconoce como Alma, entonces el Ego y sus apegos desaparecen, la dualidad ha quedado atrás, la mente se ha reintegrado a la unicidad.

  5. en el 2015 viví una experiencia similar mientras meditaba muy profundo, de fusión con el todo… pero sin diálogo… dejé de ser mi identidad, mi alma y lo que pasé a experimentar fue la sensación de un todo en forma de abrazo cálido que recibía y daba al mismo tiempo rodeado de un todo color anaranjado… después de estar en esa experiencia sin tiempo y sin identidad volvi en sí… recuperé mi identidad o alma y volví a sentir mi yo, en esta realidad. Nunca más volví a repetir esa experiencia por más que lo intenté varias veces pero a partir de ahi también logré mucho avances y un progreso personal hermoso.

  6. me identificado con lucas , me e dado cuenta que e experimentado varias veces por medio de accidentes , que tambien nuestro espiritu nos habla cuando estamos en silencio , o en estado de conciencia que acabas de accidentarte y que posiblemente no regreses , y cuando uno lo acepta , todo se resuelve y se empieza a valorar lo que se dice de vivir para servir

  7. Les comento mi experiencia, a modo de resumen.
    A mí me pasó algo parecido, pero con otra sustancia, de color blanco. Yo me estaba preparando para salir a bailar con mi pareja de esa época. Los dos veníamos festejando durante tres días seguidos, sin dormir.
    Cuando me descompongo, mi conciencia pasa del departamento, del plano material, a un lugar rectangular de color negro. Definitivamente, ese ya no era el departamento que conocía de siempre.
    En ese lugar, yo ya estaba despojada de mi ropa; solo unas sábanas blancas me cubrían. En la oscuridad, veía gente caminando de aquí para allá. Les recuerdo que ya no era el departamento blanco donde estábamos solos. Ahora estaba en un rectángulo lleno de personas que iban y venían, como si fuese un club nocturno. Todos me miraban de manera despectiva, como diciendo: "¡Cielos…! Otra más acá…".
    Yo me sentía culpable por lo que me había pasado y trataba de hacerles entender que no había sido mi culpa, que había sido un accidente.
    Desesperada, busqué a mi pareja, que en esa época tenía 54 años, pero no podía encontrarlo. Solo veía cerca de mí a un joven de unos 20 años. Ese joven me asistía; era la única persona que me ayudaba.
    De pronto, vi mi cuerpo desde afuera, puntualmente mi cabeza. La veía de perfil, con el cráneo partido como una manzana cortada por la mitad. Detrás del cráneo había una luz anaranjada, como esa luz que se utiliza con un microscopio, a modo de contraluz, para poder ver y analizar.
    Podía focalizar mi cerebro, el cerebelo, la faringe, la laringe. Veía de micro a macro.
    Pude ver que no era la única persona que estaba pasando por algo parecido. Había otras dos chicas al lado mío. Les recuerdo que, en el departamento original, yo estaba sola con mi pareja.
    Poco a poco, volví a percibir todo en primera persona y regresé al aquí y ahora. Vi que estaban todas esas personas que te asisten: enfermeros, etc.
    Semanas más tarde, le conté nuevamente a mi pareja lo que había acontecido. Aun así, él trataba de no alentarme a recordar demasiado.
    En resumen, tiempo después, viendo fotos de mi pareja —fotos de cómo era él cuando tenía unos 20 años—, me quedé sorprendida. Aclaro que yo no lo conocí de joven. Me cautivó al ver una fotografía de los años 90.
    Entusiasmada, le dije:
    —¡Es igual al chico de 20 años que vi!
    Mi pareja me aclaró, de modo seco y directo, que lo que había visto aquella noche era a él mismo, pero en su lado bueno: su versión luminosa.

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